Lo busqué al 3200 de la Calle Artigas; en el número 4 de la Rue Martel (donde una vecina me dejó entrar al patio y me señaló la ventana exacta de la foto con gato). Le dejé mensajes en Montparnasse cada vez que pude. Hice caminar a mis compañeros de viajes media París buscando calles, galerías, pasajes… Ellos me lo perdonan todo porque entienden mi fetichismo mejor que yo misma. Saqué decenas de fotos de las anillas de amarre en las márgenes del Sena sólo porque él se tomó una foto ahí. También me hice tomar otras imitando su pose en el Pont Neuf. Recorrí St Marcel y L’ Hospital hasta el Jardin des Plantes sólo porque él lo escribió así. Me fui a Budapest con la única intención de cruzar el Danubio y encontrar a la Lejana sobre el Puente de las cadenas. No puedo estar en un embotellamiento sin pensar en él. Fui a la Galería Güemes por ver si se parecía a la Vivienne y a la confitería London city para chequear que sigue igual a cuando él iba. Solo por él, el Pont des Arts es menos feo y Chivilcoy y Bolívar. Por él todas las tomas de escuela me remiten a la toma de la Universidad de Cuyo en el 45 y los paseos por el interior de Francia me hacen imaginar cómo habrá sido el viaje con Carol de Paris a Marsella del 82. Por él, la Biblioteca Saint Genevieve y los penosos estantes de mis libreros se cruzan. A él le debo parte de lo que leo, de lo que escribo, de lo que camino. A él le debo los disparates que todavía haré por él. 
    
               /adrianA  raíceS/
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